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Esto es lo que escribió Alejandro Fabbri el 19/2/2003 horas antes de la final contra Ferro por el apertura 2002-2003 de la "B" Metropolitana. La historia lo pinta tal como es: pasional, profesional e inteligente.
En el sector futbolero del cielo se empezaron a escuchar murmullos primero, luego alguna palabra fuerte y finalmente un griterío. San Pedro mandó a un par de ángeles para que silenciaran ese batifondo, pero los ángeles aparecieron, a los 5 minutos, mezclados en el gentío, cada uno con un coqueto gorrito de lana marrón y blanco, coronado con un pompón del mismo marrón.
Y Pedro no tuvo más remedio que irse hasta la puerta del Paraíso para verificar si esas almas blancas y marrones, que de pronto y por la mágia cósmica habían recobrado formas humanas y colores terrenales, se iban a escapar hacia la Tierra.
Cuando se vió venir el gentío, retrocedió y abrió las puertas de par en par. Rapidamente tomó una nube, la convirtió en celular celestial y se rodeó de algunos hombres del periodismo argentino. Con él, en 5 segundos, estuvieron Osvaldo Ardizzone, Dante Panzeri, Borocotó, Félix Frascara y Horacio García Blanco.
Claro, Pedro los necesitaba para que identificaran a los revoltosos que se iban para la Tierra, dejando arpas, nubes y alas perdidas por el espacio.
Los grandes de la pluma y la palabra le fueron pasando revista a la delegación que iniciaba el camino de nuevo hacia la Tierra.
San Pedro, disculpe, pero ha pasado algo extraordinario. Se han despertado todos juntos con un mandato único: ir a la cancha de Platense porque ¿sabe usted? el sábado se juega el ascenso contra Ferro, le contó Borocotó.
Y a continuación, maravillado, Panzeri fue enumerando en un duelo memorioso con García Blanco y sus colegas: Mirá, ahí va Cositorto, taquito Beristain, el Negro Báez y también don Manuel Giúdice, ése fue uno de los fundadores del club allá en 1905 pero no me acuerdo el apellido.
Y siguieron pasando, orgullosos de sus colores, cantando el \"dale marrón\" con voces afinadas, pacíficas, cargadas de amor por una camiseta. Se fueron yendo, el polaco Togneri, el polaco Cap, el polaco Goyeneche y el consul polaco presentó una protesta formal. Se escaparon Toledo, Hurt, todos nuestros abuelos, todos nuestros viejos, el arquitecto Haedo, el arquitecto Zaccheo.
Y no hubo manera de pararlos.
Iban a gritar \"dale campeón\" y valía la pena dejar el cielo.
Un abrazo. A.F. |